martes, 7 de febrero de 2012

¡Qué cosa la relatividad!


Hoy vamos a abordar el tema de la relatividad. No en términos de Einstein, por supuesto, mi cerebro aún no alcanza esos niveles de genialidad. La relatividad. A ver. Según mi amiga la real academia española (y lo escribo con minúsculas porque me pinta), relativo es todo aquello que guarda relación con alguien o con algo y/o que no es absoluto. ¿No es fascinante la relatividad? O interesante, por lo menos, depende de quién y cómo lo vea (oh, ¡es relativa la relatividad!).


Es extraño, admirable, raro, sorprendente cómo varían las cosas según el observador. O bueno, si nos ponemos estrictos, no son LAS COSAS las que varían (¿quién te dice?), sino la reacción, la impresión, lo que sea que se produzca en el observador. Varía eso porque varía la persona. O variamos nosotros con el pasar de los días. No comprendo cómo es que la sociedad es tan manejable siendo que todos son tan distintos. Siendo que todos ven elementos diferentes en una misma imagen. Tal vez tenga algo que ver con el hecho de que a pesar de la diversidad opinional (y sí, es una palabra inventada, no la usen en casa), la humanidad se maneja dentro de ciertos límites.



¿Es bueno eso? Los límites, digo. Si sólo usamos un nosecuantoperomuybajo porcentaje de nuestro cerebro, en caso de poder usar toda la masa de circunvalaciones gricesitas del cráneo,  ¿Tendríamos límites?



Wuuaaaaau, este escrito ha incursionado en derroteros inesperados. A lo que yo apuntaba era a la . Relatividad . Cierto. Simplemente me parece admirable cómo yo puedo ver algo de manera mística mientras otros lo ven como algo aburrido, interesante, cotidiano, vulgar, ignorable, fascinante. Más allá de cualquier entretenimiento que podamos encontrarnos por ahí, lo mejor (hoy estoy optimista…creo) que tenemos en el mundo son personas. 

Me retiro entonces, proclamando: ¡Nada más llamativo que cerebro ajeno! Salvo excepciones, claro (las cuales abundan) (lamentablemente).

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