Hoy vamos a abordar el tema de la relatividad. No en términos de Einstein, por supuesto, mi cerebro aún no
alcanza esos niveles de genialidad. La relatividad. A ver. Según mi amiga la
real academia española (y lo escribo con minúsculas porque me pinta), relativo
es todo aquello que guarda relación con alguien o con algo y/o que no es absoluto. ¿No es fascinante la relatividad? O interesante,
por lo menos, depende de quién y cómo lo vea (oh, ¡es relativa la relatividad!).
Es extraño,
admirable, raro, sorprendente cómo varían las cosas según el observador. O
bueno, si nos ponemos estrictos, no son LAS COSAS las que varían (¿quién te
dice?), sino la reacción, la impresión, lo que sea que se produzca en el
observador. Varía eso porque varía la persona. O variamos nosotros con el pasar
de los días. No comprendo cómo es que la sociedad es tan manejable siendo que
todos son tan distintos. Siendo que todos ven elementos diferentes en una misma
imagen. Tal vez tenga algo que ver con el hecho de que a pesar de la diversidad
opinional (y sí, es una palabra inventada, no la usen en casa), la humanidad se
maneja dentro de ciertos límites.
¿Es bueno
eso? Los límites, digo. Si sólo usamos un nosecuantoperomuybajo porcentaje de
nuestro cerebro, en caso de poder usar toda la masa de circunvalaciones
gricesitas del cráneo, ¿Tendríamos
límites?
Wuuaaaaau,
este escrito ha incursionado en derroteros inesperados. A lo que yo apuntaba
era a la . Relatividad . Cierto. Simplemente me parece admirable cómo yo puedo ver
algo de manera mística mientras otros lo ven como algo aburrido, interesante,
cotidiano, vulgar, ignorable, fascinante. Más allá de cualquier entretenimiento
que podamos encontrarnos por ahí, lo mejor (hoy estoy optimista…creo) que
tenemos en el mundo son personas.
Me retiro
entonces, proclamando: ¡Nada más llamativo que cerebro ajeno! Salvo excepciones,
claro (las cuales abundan) (lamentablemente).
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