jueves, 15 de noviembre de 2012

Sábato tenía razón




De alguna manera la naturaleza permitió que fuera la especie humana y no otra la que pudiera desarrollar su cerebro de tal manera que al día de hoy, el mundo entero sea la bola de plastilina de la humanidad. Hagamos lo que queramos, básicamente. De alguna manera la frecuencia de alelos permitió que a partir de un homo erectus se llegara a Bach, Einstein, Leonardo. Y eso es fascinante, a decir verdad.



Es increíble que se produjera tal evolución, es impresionante que estemos parados donde estamos. Entonces es aún más increíble que estando parados donde estamos, existan la… ¿cuál es la palabra? Las…atrocidades, las cosas…tremendas. A ver, es increíble que vivamos en una mierda tan grande. En un diario local salió la entrevista hecha a la chica a la que quisieron secuestrar en el centro. Gritó y pateó tanto que no se la llevaron. En otro diario contaron cómo se encuentra la mujer de 33 años que estuvo cautiva por tres meses y que fue violada y torturada por una pareja en capital. Un policía fue detenido por violar y vejar a su hija de 10 y su hijo de 8. ¿Quieren que siga? ¿Hace falta que siga?

No lo entiendo, no entiendo cómo semejante especie llegó a donde está. ¿Cómo puta pasó? Se le habrán traspapelado las fichas a la pachamama o algo, y ahora se agarra la cabeza y piensa “¡Nooo, eran las hormigas las que iban a conquistar el mundo!” ¿Acaso el poder de la humanidad es demasiado? ¿Acaso la especie en general tiene tanto poder que involucionó como esas personas que tienen tanto dinero (y tan poco cerebro) que terminan viviendo en realities donde lo único que hacen es tirarse en la pileta y padecer la resaca para 3 millones de televidentes? Eso último no tiene sentido, ¿no? La verdad es que no importa. Si la humanidad no tiene sentido, ¿por qué habría de tenerlo yo?

La verdad es que yo debería tener sentido justamente porque la humanidad no tiene sentido. Porque sin importar cuán mal esté la vida, voy a seguir viviendo ¡Entonces mejor vivir de la mejor manera posible, dentro de mis parámetros permitidos, dentro de esta provincia en la que secuestran chicas, dentro de este país donde mueren millones de personas por año por imprudencias viales, dentro de este mundo en el que la trata de personas es moneda corriente! No suena alentador.

No suena alentador y me empelota que no suene alentador, porque ¿Con qué ganas le voy a poner onda al mundo, si el mundo es una cagada? “Hazlo por las risas de los niños” dirá algún pelotudo optimista y yo lo miraré con cara de 38 milímetros. Es como si la humanidad tuviera una úlcera: sus propios jugos gástricos la corroen de tal manera que si no se trata inmediatamente, el ácido clorhídrico la disolverá. Me encantan los finales felices.

En estas situaciones suelo dar mil vueltas alrededor del tema, pensando en cómo NO DEBIERA ser así, pensando en cómo todo DEBERÍA ser diferente, reflexionando sobre lo AUTODESTRUCTIVO que es para la humanidad devorarse a sí misma. Y de tanto pensar en la humanidad catastrófica de la que formamos parte, me deprimo. Entonces mi mamá me sacude y me dice que no se trata de pensar en lo que debería ser, ni en lo que estaría acertado que fuera, sino en lo que es. Existe esto en este momento. Avancemos desde ahí.

Supongo que tiene razón. Vivo en este mundo, y la alternativa es no vivir en él. No me agrada mucho la alternativa.

Cuando empecé a escribir esto estaba convencida de que no iba a llegar a nada. Estaba convencida de que me iba a quedar al final del escrito con la mirada perdida y la mente llena de interrogantes al estilo de ¿Por qué existen personas que torturan a otras? En parte esos interrogantes siguen, mi cerebro nunca asimilará el hecho de que existan horrores tan gigantes en la existencia. Pero creo que Sábato expresó de manera perfecta que nuestras felicidades son pequeñas y nunca son algo pleno, no son algo absoluto e impoluto porque toda nuestra vida está manchada de lo sucio y lo pútrido de la humanidad, y aún así existen. Aún dentro de lo asqueroso y desagradable, tenemos nuestros momentos… tenemos a “Louis Armstrong tocando la trompeta en el Mirador”. Y deseo aferrarme a eso, junto con lo sucio, antes que soltarlo todo.

lunes, 20 de agosto de 2012

Caminemos por la ciudad porque es bonita

La vida deseó que yo empezara a sacar fotos de los graffitis de la calle. El tema es que cuando empecé a interesarme un poco más por las pintadas en espacios públicos (y no tanto) empecé a ver más color en la ciudad. No sólo habían amuchos graffitis, También habían murales, algunos escritos e imágenes armadas con papel. Tal vez les interese ver un par. Y si no es así, al menospodrán alegrarse porque este blog volvió un poco a la vida. Disfruten.

Esta primera imagen está en la municipalidad de capital. Hay varios balones y en cada uno ha pintado un artista local. Éste es mi favorito.

Las dos imágenes de abajo están en una perd enoorme, en el pasaje Güemes, también en ciudad. Me encantan.




¿Qué más? Han empezado a aparecer por la ciudad imágenes hechas con papel, que muestran a personajes conocidos transformados en...¡Zombies! Por lo pronto podemos ver acá abajo a Tinky-Winky, de los teletubbies (qué programa horrorosamente espantoso) y al perro Patán, de La carrera de los autos locos. He visto también a un Alf zombie, pero no he podido sacarle una foto (todavía).



Hace poco pintaron el ECA (espacio contemporáneo de arte, frente a la plaza San Martín, plaza de culto de los skaters). Antes de que lo pintaran, tenía unas cuantas pintadas por aquí y por allá, y tenía unos afiches de bocas, que tenían círculos de papel que parecían confites. Simpre me parecieron muy simpáticas, por suerte pude sacar una foto antes de que desaparecieran de nuestras vidas.
Haré entrega de una cuantiosa recompensa a quien pueda indicarme cómodiablos se llama la calle que es perpendicular a san martín, y que topa en 9 de Julio, en la municipalidad de ciudad. De más está decir que dicha recompensa es absoluta y felizmente ficticia. Pero al que sepa de qué calle estoy hablando, se le abrirá ante sus ojos la posibilidad de ir a esa calle, pararse en la esquina de esa calle y 9 de Julio, y ver en persona y con sus propios ojos el tigre que ven ahora (de manera virtual) a su derecha.


La imagen con la que termino esta entrada es una que me gusta bastante. Creo que fue el año pasado que se empezaron a ver estos graffitis de reloveution. El que más me gustaba estaba en la pared oeste de la bodega Arizu, pero algún comepiedras primitivo lo tapó con pintura gris. Fue muy triste. En fin, este graffiti está en la calle Arístides, casi en la esquina de Belgrano.


Hata aquí llegué hoy. Me encantaría que alguien en el mundo leyera esto y sonriera la próxima vez que viera un graffiti. Creo que un toque de color a algunas paredes no les viene mal.


Nota: el tamaño extragrande de las imágenes en blogger es VERDADERAMENTE extra grande.

jueves, 28 de junio de 2012

Toma Dos

Como la relatividad es un tema demasiado importante como para ser tomado (solamente) a la ligera, vamos a verlo desde una perspectiva un poco más seria. Así que vamos con nuestra toma dos.

Cuando hace unos años rompí la tapa de la azucarera, temí por la el reto que iba a ligar. No me preocupaba haber roto la tapa por la tapa en sí misma, sino por las consecuencias que eso iba a acarrearme. Aunque también me sentí un poco mal porque la tapa era bonita, al día de hoy esa azucarera sigue teniendo una tapa de madera que no combina, y yo duermo sin problema todas las noches. Entonces, lo que me preocupó, no fue haber roto la tapa, no me ponía triste una tapa menos en el mundo, me puso mal lo que sabía que vendría después: el enojo de mi madre y el consecuente sermón de que yo era una irresponsable y distraída que bailaba con una azucarera en la mano. Vamos a hacer hincapié en algo: NO ME IMPORTABA LA AZUCARERA, me importaba la percepción que mi mamá tenía de la situación. Para mí, sí, fue un descuido que no debía repetirse. Para mi mamá era la prueba de que yo andaba colgada con la existencia todo el tiempo y no le prestaba atención a las cosas prácticas (y rompibles) del mundo real (en su defensa voy a aportar que sólo intentaba poner un poco mis pies en la tierra. Además, tenía razón. Aún la tiene).

A lo que quiero llegar con la historia de la bendita azucarera amarilla es que una misma situación tiene distintas repercusiones para cada individuo. Eso es brillante si queremos analizar algo pero problemático al momento de establecer pautas. Y en vista de que nuestras existencias en la faz de la tierra están regidas por pautas, la mirada del otro nos enfrenta a un problema. Grande. Porque todos en esta habitación virtual sabemos lo difícil que es ponerse de acuerdo con alguien, ¿o no?

No sólo opino que escribe de manera monótona, sino que me molesta que tenga aspecto de Max Steel. Aún así, a mi hermana le encantan sus películas. Es inútil, nunca nos pondremos de acuerdo sobre Nicholas Sparks (no es que debamos hacerlo, claro). Yo creo que es un pelotudo, pero si a mi mejor amiga le gusta fulanito, cierro la boca porque gustos son gustos y yo quiero que este feliz. Aunque sea con ese imbécil. Me encanta ponerle pimentón a la ensalada pero mi hermana lo odia. Infinidad de ejemplos para una situación: cada uno ve las cosas de manera diferente. Eso lleva indefectiblemente a un conflicto. Y por conflicto no me refiero a “cerrá las cortinas, esto se soluciona con una pelea de cuchillos”, conflicto es incluso esa mínima cara de disgusto que ponemos cuando nos dicen que firmamos el papel equivocado. Conflicto es el choque de dos ideas, de dos perspectivas, de dos maneras. Puede ser algo mínimo o no, depende de la persona, del día y del pie con el que amanecimos.

Chocar con alguien es frustrante. O al menos a mí me parece que es así en la mayoría de los casos. No es algo que me haga enojar o que me ponga triste (no siempre), pero es algo que me frustra porque, ¿cómo es que percibís de manera B algo que es claramente A? No lo entiendo, mirá ahí están los dos palitos como una V invertida y el palito transversal, eso es una A hoy y por siempre. Pero no hay caso, el otro ve una B y a vos no te entra en la cabeza cómo puede ser que no se dé cuenta de que está equivocado. Vale decir que al otro le pasa lo mismo, pero con vos.

¿Qué pasa entonces? ¿Tengo razón? ¿Tiene razón? ¿Existe una única razón? ¿Estamos todos locos? (ojo, a mi me parece que esa última es la menos descartable). ¿Qué es tener razón? ¿Cómo decidimos quién tiene razón? En muchas situaciones de nuestra vida cotidiana decidimos quién tiene razón basándonos en un sistema popular, en lo que se piensa generalmente. Supongo que tiene sentido, es decir, tal vez sería complicado vivir si con cada persona y cada círculo tuviésemos distintas bases y puntos de partida. Pero a veces me da la impresión de que mi cerebro no terminó de adaptarse a la pauta social. Algo así como un déficit de inteligencia emocional, que le dicen. En realidad creo que a todos nos pasa en algún momento, con alguna situación, que sentimos que percibimos las cosas de un modo muy diferente al de la gente que nos rodea. Y no es que tengamos este dichoso déficit, sino que somos distintos. Tan bella como problemática resultó ser la diversidad de alelos.

¿Cómo se supone que viva en sociedad si capto las cosas de modo diferente? O, sin irnos tan tremendamente al pasto, ¿cómo comparto una habitación si soy un desastre con patas y la otra persona es sumamente ordenada? Bueno…me adapto. Me adapto a lo relativo de la vida (que es todo, básicamente. O nada, según quién lo mire).

This is how it works
You're young until you're not
You love until you don't
You try until you can't
You laugh until you cry
You cry until you laugh
And everyone must breathe
Until their dying breath


Me atengo entonces a las supuestas verdades universales como que eventualmente morimos, o que caperucita usaba una capa roja, y salgo al mundo a tratar de adaptarme al resto sin dejar de ser yo. Podríamos entender la sociedad como un tetris gigante casi. Todos distintos, tratando de encajar, sin perder el juego.

Parece que cada vez que hablo de relatividad me voy por las ramas, pero creo que esta vez me mantuve en un hilo. Creo. Volviendo, si tengo que definir la relatividad con una palabra…bueno supongo que sería relativa (por mucho que eso pudiera molestar a los profesores que insistieron con que no se define cosa diciendo el coso del cosito). La relatividad es relativa porque según las condiciones del medio, es absolutamente admirable o francamente molesta. O bueno, si tuviera que elegir de nuevo, tal vez diría que es difícil. Porque por más que a veces puede ser entendible, creo que nunca deja de ser difícil tomar el punto de vista del otro. No por eso hay que dejar de intentarlo. Después de todo…a mí me gusta vivir con otros.

No, this is how it works
You peer inside yourself
You take the things you like
And try to love the things you took
And then you take that love you made
And stick it into some
Someone else's heart
Pumping someone else's blood
And walking arm in arm
You hope it don't get harmed
But even if it does
You'll just do it all again


Junio trajo para mí esta suerte de epifanía, haciéndome caer en la cuenta de la relevancia de lo relativo en el cerebro humano. Por primera vez vi a la relatividad desde otro ángulo. Y no se trata de que somos distintos y peleamos para llegar a un punto medio y crecer como personas, ni ninguna de esas cosas que nos decimos para sentirnos mejor con nosotros mismos después de incrustar un disco PARE en la ventana del comedor de la persona que marcó nuestro día, no no. Creo que lo interesante de la relatividad, y lo interesante de ser distintos es que… es quienes somos.

Veamos, refrasearé esa última parte que es como lo IMPORTANTE de tamaña entrada… odio pelear con las personas que quiero. Me encantaría no pelear sobre si es A o si es B. Pero para no pelearme…todos deberíamos ver lo mismo. Y no quiero que sea así porque, si lo fuera, las personas a quienes amo dejarían de ser quienes son. Y odiaría eso.

martes, 15 de mayo de 2012

La insoportable levedad del ser

Y para los que estén esperando un planteo filosófico… estoy hablando del yogurt. Más bien, de la asombrosa variedad de productos que existen en el mercado bajo la estilizada etiqueta de light. Yogures, leches, manteca (¿existe semejante cosa?), salchichas, jugos, aguas saborizadas. Ahora resulta que el agua saborizada light es más liviana que un vaso de agua destilada. ¡Y viene con premios! Sí, porque comprando 576.995 botellas de agua, junto con las etiquetas de 17,5 paquetes de queso bajo en calorías y 3 pesos, participás del sorteo de un viaje a malargüe para vos y dos amigas (nada de novios, los productos light están pensados para el público femenino). 

Me molestan. Profundamente. Porque existe este odioso doble mensaje que te somete y te dice que debés disfrutar de los magníficos placeres que provoca el ultimísimo chocolate con avellanas bañadas en café con leche, pero sin perder la figurita para el verano. Entonces un apestoso grupo de empresarios ve la veta y dice, “Vamos a crear un producto que tenga en cuenta ambos deseos: comer como bestias y no engordar” Así es como aparecen las millones de comidas “más ricas”, “más sanas”, “más top”. 

Es ODIOSO. Es un pseudo “doblepensar”, como el del libro 1984 (George Orwell, 1950). Es saber que uno se engaña, pero engañarse para olvidar que se engaña. Yo voy a comprar este postre light porque tengo unas ganas animales de comer chocolate, entonces voy a comerlo para sentirme bien. Yo sé que no es chocolate de verdad (ni por asomo), pero eso me hace sentir aún mejor conmigo misma porque estoy haciendo lo que quiero hacer sin hacerlo de verdad, estoy tentándome sin caer en la tentación. I’m living the dream! Soy flor de imbécil. 

Existe en este momento en nuestra sociedad ése (y tantos otros) mensaje contradictorio que (como toda contradicción) no tiene sentido. Hay un arsenal completo de cámaras high definition filmando la caída de una súper gota de dulce de leche sobre otra masa de dulce de leche desde 25 ángulos distintos, para que al verlo mi boca se derrita y yo experimente una descarga eléctrica que me impulse a consumir semejante manjar. Pero la publicidad siguiente es esa en la que veo que si consumo productos ligh (en otras palabras, si soy flaca), mi vida va a ser fabulosa, mi novio me va a regalar flores, mis amigas se van a vestir bien, mi perro va a tener pelo sedoso, las tostadas no se me van a caer al piso sobre el lado con dulce, y todos vamos a ser atléticos, exitosos y súper tiernis. 

Hay un mercado generado alrededor de la miseria personal de la gente. Porque para ser rellenito, ni hablar de gordo, RELLENITO, tenés que ser simpático para ser aceptado socialmente. Ojo, yo no estoy diciendo que impulsemos la obesidad, de hecho me parece fantástico que la gente quiera vivir de manera medianamente sana porque si no morimos todos con hipertensión. Pero es el extremo el que me fastidia. Ese extremo que lleva a la creación de un caramelo light. Un ¿¡CARAMELO!? ¿Cuánto voy a engordar por 3 gramos de dulce de leche? Nonono, ahí ya se fue todo al pasto señores, si vamos a ponernos tan estrictos con nuestras dietas, vivamos a suero, que encima de light, ¡es hipoalergénico! 

Yo sé que hay infinidad de opiniones encontradas con respecto a este tema, y sé que si uno vive en carne propia la mirada despectiva por esos “kilos de más”, va a hacer cualquier cosa por cambiar la situación. Pero me parece también que hay que detenerse un poco y examinar qué pasa a nuestro alrededor. ¿Perder un par de kilos me va a hacer sentir mejor? Perfecto, voy a esforzarme, voy a hacer ejercicio, voy a encontrar un deporte que me alegre las tardes y ayude a mi cuerpo. Pero cuando se de la ocasión, me voy a juntar con mis amigos y voy a comer un asado, con un postre de brownie con helado y salsa de chocolate. Y lo voy a disfrutar, voy a ser feliz sintiendo la textura de chocolate (de verdad) en mi boca, voy a saborear hasta el último resquicio de frutilla a la crema. Y a la tarde, entre mate y mate, voy a picotear algo. 

“True perfection has to be imperfect” nos decía Oasis en su tema Little by Little. En vista de lo complicada que es nuestra sociedad, creo que es imposible encajar perfectamente porque no existe un modelo con respecto al cual medirse. Está bien, supongo yo, desear vivir entre ciertos parámetros que nos den confianza, pero si vamos a pasarnos la existencia tratando de encajar, vamos a tener una existencia aburrida. Y decepcionante. Si nos hace felices, cambiemos. Cambiemos de estilo, cambiemos de círculos, cambiemos de intereses. Pero seamos felices en todos y cada uno de esos cambios. 

Amemos quienes somos. Llevemos nuestras caderas con gracia (y miren que tengo autoridad para hablar de caderas).

viernes, 13 de abril de 2012

I won't tell them your name



“Y hasta cuando llegó el viaje a Zimbaue no me había percatado de que en el mundo existían también otros ritmos, otros días, otras formas de ser. Pero tampoco había perdido a nadie hasta ese momento ni tampoco sabía que cuando uno pierde a alguien, uno también desaparece junto con esa persona. Desaparece esa parte de ti que encajaba con esa persona y te quedas pensando en quién eres tú en realidad. Te quedas pensando en que a pesar de que eres capaz de recordar a ese ser querido, la persona que fuiste junto a esa persona, ya no existe” (Polly Horvath, El escuadrón esqueleto, 2007)
Esa imagen que resultaba tan bizarra era el cierre para las últimas 24 horas, tan vertiginosas y dolorosas. Bizarra porque, vamos, ¿qué hacía una chica recién llegada de un velorio columpiándose en la plaza? Bueno…vivía, básicamente.
¿Por qué la muerte resulta tan absurda y sin sentido? Simplemente no tiene…SENTIDO que de un día para otro todo se termine tan drásticamente. ¿Y los libros que tenía de la biblioteca? ¿Y el carnet del comedor universitario que iba a buscar ese día? ¿Y los apuntes que iban a prestarle? Nos metemos todo eso en el orto porque a nadie le importa ahora. Porque en la imagen completa, eso no es nada. Son detalles inexistentes prácticamente. Y eso me llena el cerebro porque, ¿qué pasa  con todo eso? ¿A dónde van a parar esas pequeñas cosas que sólo significaban algo para esa persona?  
And even though the moment passed me by, I still can’t turn away ‘cause all the dreams you never thought you’d lose, got tossed along the way, and letters that you never meant to send, got lost and thrown away.
“No todo  tiene que tener sentido” me decía mi hermana. Lo sé, pero… ¿por qué esto justamente no tiene sentido? Sería todo más fácil si lo único sin sentido ese día hubiera sido haber perdido mi abono. Yo me habría quejado mucho, habría tenido que pedir monedas para volver a mi casa…tal vez ella me habría dicho “yo te entiendo, soy re colgada yo también”. Y sin embargo ese auto hizo que lo único a lo que yo quisiera aferrarme fuera a ese abono perdido. “Sólo pensá en eso, perdiste tu abono, perdiste tu abono”, porque ver un cordón con sangre, una mochila tirada y un móvil policial era mucho más difícil.
La palabra MUERTA es sumamente violenta. No sólo el sentido, sino que tiene una sonoridad violenta, fuerte, MUERTA. Por supuesto, no nos damos cuenta de eso en todos los capítulos de doctor house, er, bones, y toda esa sarta de programas que nos encantan (no se a ustedes, a mi me encantan). Venir a darnos cuenta de la magnitud de ciertas palabras es…doloroso.
“Fading everything to black and blue, you look a lot like you”. No sé (y no me importa) qué quisieron decir los integrantes de Counting Crows con esa frase de Black and Blue, pero súbitamente tuvo sentido para mí. ¿Vieron cuando alguien dice que el todo es más que la suma de las partes? Creo que eso pasa con la gente. Las personas son más que ese cuerpo que vemos, en realidad, el cuerpo no es nada sin…no sé, la esencia. La cara no va a ser la misma si no tiene esa sonrisa implícita en la comisura de los labios. Se parecía mucho a ella, pero ya no era ella.
Don’t it make you sad to know that life is more tan who we are?
Es tan raro sentir que el mundo se detiene, pero saber que en realidad no es así. Mires donde mires, hay gente paseando, comiendo helado, jugando. La vida sigue y vos sólo querés detener todo un segundo y decirles “¡Esperen! ¿No se dan cuenta de que el mundo ya no es el mismo?”. Pero la vida sigue (irónicamente… ¿o no?) y tenés que seguir estudiando química y entregando prácticos de cálculo.
Tal vez Polly Horvath tiene razón, tal vez muere con la persona una parte de nosotros. Pero tal vez ese sea el sentido de la muerte. Tal vez se trata de renovarnos, de buscar esa parte que perdimos en personas nuevas, de vivir con más intensidad que antes.  Tal vez el dolor de la pérdida nos lleve a ser mejores de lo que éramos. Tal vez la muerte no sea un completo absurdo.
You could hide beside me, maybe for a while, and I won’t tell no one your name. I won’t tell them your name…
Nota: las citas entre párrafos son de la canción Name, de The goo goo dolls. Escúchenla, creo que vale la pena.


martes, 7 de febrero de 2012

¡Qué cosa la relatividad!


Hoy vamos a abordar el tema de la relatividad. No en términos de Einstein, por supuesto, mi cerebro aún no alcanza esos niveles de genialidad. La relatividad. A ver. Según mi amiga la real academia española (y lo escribo con minúsculas porque me pinta), relativo es todo aquello que guarda relación con alguien o con algo y/o que no es absoluto. ¿No es fascinante la relatividad? O interesante, por lo menos, depende de quién y cómo lo vea (oh, ¡es relativa la relatividad!).


Es extraño, admirable, raro, sorprendente cómo varían las cosas según el observador. O bueno, si nos ponemos estrictos, no son LAS COSAS las que varían (¿quién te dice?), sino la reacción, la impresión, lo que sea que se produzca en el observador. Varía eso porque varía la persona. O variamos nosotros con el pasar de los días. No comprendo cómo es que la sociedad es tan manejable siendo que todos son tan distintos. Siendo que todos ven elementos diferentes en una misma imagen. Tal vez tenga algo que ver con el hecho de que a pesar de la diversidad opinional (y sí, es una palabra inventada, no la usen en casa), la humanidad se maneja dentro de ciertos límites.



¿Es bueno eso? Los límites, digo. Si sólo usamos un nosecuantoperomuybajo porcentaje de nuestro cerebro, en caso de poder usar toda la masa de circunvalaciones gricesitas del cráneo,  ¿Tendríamos límites?



Wuuaaaaau, este escrito ha incursionado en derroteros inesperados. A lo que yo apuntaba era a la . Relatividad . Cierto. Simplemente me parece admirable cómo yo puedo ver algo de manera mística mientras otros lo ven como algo aburrido, interesante, cotidiano, vulgar, ignorable, fascinante. Más allá de cualquier entretenimiento que podamos encontrarnos por ahí, lo mejor (hoy estoy optimista…creo) que tenemos en el mundo son personas. 

Me retiro entonces, proclamando: ¡Nada más llamativo que cerebro ajeno! Salvo excepciones, claro (las cuales abundan) (lamentablemente).