Lately I've found
When I start to think aloud
There's a longing in the sound
There is more I could be
In darkness I leave
For a place I've never seen
It's been calling out to me
That is where I should be
(Lanterns, de la banda Birds of Tokyo)
Últimamente he hallado
Cuando empiezo a pensar en voz alta
Hay un anhelo en el sonido
Hay más que yo podría ser
Parto de la oscuridad
Hacia un lugar que nunca he visto
Me ha estado llamando
Allí es donde debo estar
(Traducción libre, estilo Martina)
When I start to think aloud
There's a longing in the sound
There is more I could be
In darkness I leave
For a place I've never seen
It's been calling out to me
That is where I should be
(Lanterns, de la banda Birds of Tokyo)
Últimamente he hallado
Cuando empiezo a pensar en voz alta
Hay un anhelo en el sonido
Hay más que yo podría ser
Parto de la oscuridad
Hacia un lugar que nunca he visto
Me ha estado llamando
Allí es donde debo estar
(Traducción libre, estilo Martina)
¿Qué estoy haciendo? Últimamente siento que estoy perdida, que algo de mí quedó perdido en el camino y que para cuando me di cuenta de que algo faltaba, no hubo chance de volver a buscarlo. Tal vez es esperable, tal vez es ese quiebre que se produce cuando uno deja atrás lo conocido, lo delimitado y empieza a ver con claridad que el mundo es todo menos claro. Empezás a ver que lo que pensabas no era tan firme, que el futuro es incierto, que todo está permanentemente a un paso de irse al carajo. Las relaciones humanas, la facultad, tu ser y lo que acabás de meter al microondas, todo puede acabar explotando antes de que te des cuenta de que metiste la pata. Y esa noción de que la certeza no existe y la vida no tiene sentido puede matarte.
Cuando digo que la vida no tiene sentido la gente piensa que no quiero vivir más, que no encuentro placer en mi existencia. Nada más lejos. Creo que el hecho de que la vida no tenga sentido es simultáneamente fascinante y aterrador. Síndrome de la hoja en blanco, que le llaman. Infinidad de posibilidades…de cagarla. Cuando éramos chicos nos dirigían, nos indicaban, era fácil. Coloreá la línea punteada. Hace este ejercicio. Comé esto. Incluso rebelarse era fácil: “Hacé esto.” “No quiero, voy a hacer lo que me pinte.”. Y se sentía como la revolución francesa. Ahora la vida resulta ser este gran lienzo blanco donde voy a plasmarme. Y entran los pánicos, ¿Qué hago? ¿Qué quiero? ¿Qué busco? ¿Qué espero? ¿Cómo? ¿Por qué? Y empiezo a pisar con cuidado, temiendo arruinar algo que todavía no defino.
Toda esta libertad me asusta, se me hace inabarcable. Empiezo a dirigir mi vida como quiero (o como me sale) y en eso salgo herida o hiero a los demás. Es mucho. Estoy descubriendo que me cuesta confiar en mis puntos de apoyo, y eso no hace más que seguir desorientándome. Tener confianza en uno mismo, en los demás, en la existencia, es un salto tan grande al abismo que lo he estado evitando inconscientemente. Me he dicho a mí misma “Saltemos!” pero nunca lo he hecho. Y ahora lo veo. Me he estado conteniendo del mundo, me he cerrado. He sido tan cuidadosa en eso que ahora no sé cómo empezar a revertirlo. ¿Cómo se cambia el curso de lo que somos?
Bueno…de a poco.








