lunes, 24 de noviembre de 2014

Lanterns


Lately I've found
When I start to think aloud
There's a longing in the sound
There is more I could be
In darkness I leave
For a place I've never seen
It's been calling out to me
That is where I should be

(Lanterns, de la banda Birds of Tokyo)


Últimamente he hallado
Cuando empiezo a pensar en voz alta
Hay un anhelo en el sonido
Hay más que yo podría ser
Parto de la oscuridad
Hacia un lugar que nunca he visto
Me ha estado llamando
Allí es donde debo estar

(Traducción libre, estilo Martina)

¿Qué estoy haciendo? Últimamente siento que estoy perdida, que algo de mí quedó perdido en el camino y que para cuando me di cuenta de que algo faltaba, no hubo chance de volver a buscarlo. Tal vez es esperable, tal vez es ese quiebre que se produce cuando uno deja atrás lo conocido, lo delimitado y empieza a ver con claridad que el mundo es todo menos claro. Empezás a ver que lo que pensabas no era tan firme, que el futuro es incierto, que todo está permanentemente a un paso de irse al carajo. Las relaciones humanas, la facultad, tu ser y lo que acabás de meter al microondas, todo puede acabar explotando antes de que te des cuenta de que metiste la pata. Y esa noción de que la certeza no existe y la vida no tiene sentido puede matarte.

Cuando digo que la vida no tiene sentido la gente piensa que no quiero vivir más, que no encuentro placer en mi existencia. Nada más lejos. Creo que el hecho de que la vida no tenga sentido es simultáneamente fascinante y aterrador. Síndrome de la hoja en blanco, que le llaman. Infinidad de posibilidades…de cagarla. Cuando éramos chicos nos dirigían, nos indicaban, era fácil. Coloreá la línea punteada. Hace este ejercicio. Comé esto. Incluso rebelarse era fácil: “Hacé esto.” “No quiero, voy a hacer lo que me pinte.”. Y se sentía como la revolución francesa. Ahora la vida resulta ser este gran lienzo blanco donde voy a plasmarme. Y entran los pánicos, ¿Qué hago? ¿Qué quiero? ¿Qué busco? ¿Qué espero? ¿Cómo? ¿Por qué? Y empiezo a pisar con cuidado, temiendo arruinar algo que todavía no defino.

Toda esta libertad me asusta, se me hace inabarcable. Empiezo a dirigir mi vida como quiero (o como me sale) y en eso salgo herida o hiero a los demás. Es mucho. Estoy descubriendo que me cuesta confiar en mis puntos de apoyo, y eso no hace más que seguir desorientándome. Tener confianza en uno mismo, en los demás, en la existencia, es un salto tan grande al abismo que lo he estado evitando inconscientemente. Me he dicho a mí misma “Saltemos!” pero nunca lo he hecho. Y ahora lo veo. Me he estado conteniendo del mundo, me he cerrado. He sido tan cuidadosa en eso que ahora no sé cómo empezar a revertirlo. ¿Cómo se cambia el curso de lo que somos?

Bueno…de a poco.

jueves, 3 de octubre de 2013

Claro que el árbol hizo ruido

Si yo soy una persona diferente para cada persona que me conoce, ¿Soy alguien por mi misma en realidad? ¿Soy un todo? Alguna vez me plantearon el problema, “Si un árbol se cayó en el medio del bosque y ningún ser vivo lo escuchó, ¿Hizo ruido?” Mi respuesta fue y sigue siendo, “Si” Claro que si, los átomos se desplazaron, chocaron “et pup!” el ruido. Supongo que es lo mismo, si yo quedo abandonada en una isla desierta y mi existencia transcurre en absoluta soledad (en términos de humanidad) yo sigo viva, yo vivo. Zanjamos esa duda, yo soy alguien por mí misma. Ahora, esas personas que yo soy con otras personas, esas personas que tal vez son un poco contradictorias, esas que a veces se pisan las colas, ¿Qué son? ¿Son una extensión de mi ser, son facetas, son reales?

Todos nos disfrazamos un poco, hacemos pequeños cambios para la audiencia. Yo soy la que escucha atentamente y sonríe a pesar de que no le interese mucho, pero también soy la que se queda dormida en las clases importantes y la que canta a los gritos e imita voces cuando está sola. Uno podría pensar que ésta última es la que en realidad importa, pero creo que de una u otra manera todas las facetas que conviven en mi ser tienen su propia autenticidad. No me interesa la conversación pero sí la persona, la clase es importante pero no soporto el sueño a la siesta, me inhibe hacer voces en público, ni hablar de cantar muy alto.

¿Qué significa, realmente, llegar a conocerse a uno mismo? ¿Qué hago conmigo una vez que me conozco muy bien? ¿Qué cambia? ¿El día que sepa a ciencia cierta por qué paso más tiempo divagando que siendo práctica voy a poder cambiarlo? ¿Voy a querer cambiarlo? Es difícil, a nivel emocional, aceptar que uno tiene que, o quiere cambiar. Es difícil aceptar que así como soy no soy suficiente para el mundo.

No soy suficiente porque ellos quieren que sea más ordenada, más metódica, más afectuosa, menos belicosa, tal vez. Entonces ahí parto a encontrarme a mí misma, en orden de poder cambiarme. Suena un poco violento, pero no lo es, no tanto. Después de todo yo también espero que otros cambien, yo también espero que sean más ordenados, menos belicosos.

Encontrarse a uno mismo es más lento que acabarse un caramelo media hora, es un embole absoluto si uno espera hacerlo de la noche a la mañana. Ese es mi caso, cabe aclarar. Entonces voy a adoptar una postura más zen y dejar que mi mente se conozca a sí misma al tiempo que le parezca conveniente… a la muy perra (tengo que trabajar eso de la postura zen).

miércoles, 6 de marzo de 2013

Conversaciones con mamá

Hablando hace unos dias con mi super madre:

- ¡Mirá Marti! Acá dice que un asteroide pasó rozando la tierra.
- Ah, mirá vos. Qué loco sería que pudieran saber bien cuándo va a caer un asteroide en la tierra. Igual, si pupieran saberlo no serviría de nada, ¿Qué hacen para luchar contra un asteroide? Porque no pueden hacer como Armageddon y lanzarse en una nave a meter una bomba atómica en el asteroide, nuestra tecnología no da para tanto, viene un asteoride y nos morimos todos. ¿Te imaginás? ¿Vos qué harías si supieras que se viene en fin del mundo? Yo, no bueno, si yo fuera un gobernante y tuviera la total certeza de que viene un asteoride y se termina el mundo, haría una comisión y contactaría a artistas, y músicos y gente a la que le diría que se viene el fin del mundo, entonces daría conciertos gratis y arte para que lo viera todo el mundo y daría vivienda a la gente y todo para que fueran felices en los últimos días de sus vidas. Sería lindo, ¿No?
-¿Que fuera el fin del mundo?

jueves, 15 de noviembre de 2012

Sábato tenía razón




De alguna manera la naturaleza permitió que fuera la especie humana y no otra la que pudiera desarrollar su cerebro de tal manera que al día de hoy, el mundo entero sea la bola de plastilina de la humanidad. Hagamos lo que queramos, básicamente. De alguna manera la frecuencia de alelos permitió que a partir de un homo erectus se llegara a Bach, Einstein, Leonardo. Y eso es fascinante, a decir verdad.



Es increíble que se produjera tal evolución, es impresionante que estemos parados donde estamos. Entonces es aún más increíble que estando parados donde estamos, existan la… ¿cuál es la palabra? Las…atrocidades, las cosas…tremendas. A ver, es increíble que vivamos en una mierda tan grande. En un diario local salió la entrevista hecha a la chica a la que quisieron secuestrar en el centro. Gritó y pateó tanto que no se la llevaron. En otro diario contaron cómo se encuentra la mujer de 33 años que estuvo cautiva por tres meses y que fue violada y torturada por una pareja en capital. Un policía fue detenido por violar y vejar a su hija de 10 y su hijo de 8. ¿Quieren que siga? ¿Hace falta que siga?

No lo entiendo, no entiendo cómo semejante especie llegó a donde está. ¿Cómo puta pasó? Se le habrán traspapelado las fichas a la pachamama o algo, y ahora se agarra la cabeza y piensa “¡Nooo, eran las hormigas las que iban a conquistar el mundo!” ¿Acaso el poder de la humanidad es demasiado? ¿Acaso la especie en general tiene tanto poder que involucionó como esas personas que tienen tanto dinero (y tan poco cerebro) que terminan viviendo en realities donde lo único que hacen es tirarse en la pileta y padecer la resaca para 3 millones de televidentes? Eso último no tiene sentido, ¿no? La verdad es que no importa. Si la humanidad no tiene sentido, ¿por qué habría de tenerlo yo?

La verdad es que yo debería tener sentido justamente porque la humanidad no tiene sentido. Porque sin importar cuán mal esté la vida, voy a seguir viviendo ¡Entonces mejor vivir de la mejor manera posible, dentro de mis parámetros permitidos, dentro de esta provincia en la que secuestran chicas, dentro de este país donde mueren millones de personas por año por imprudencias viales, dentro de este mundo en el que la trata de personas es moneda corriente! No suena alentador.

No suena alentador y me empelota que no suene alentador, porque ¿Con qué ganas le voy a poner onda al mundo, si el mundo es una cagada? “Hazlo por las risas de los niños” dirá algún pelotudo optimista y yo lo miraré con cara de 38 milímetros. Es como si la humanidad tuviera una úlcera: sus propios jugos gástricos la corroen de tal manera que si no se trata inmediatamente, el ácido clorhídrico la disolverá. Me encantan los finales felices.

En estas situaciones suelo dar mil vueltas alrededor del tema, pensando en cómo NO DEBIERA ser así, pensando en cómo todo DEBERÍA ser diferente, reflexionando sobre lo AUTODESTRUCTIVO que es para la humanidad devorarse a sí misma. Y de tanto pensar en la humanidad catastrófica de la que formamos parte, me deprimo. Entonces mi mamá me sacude y me dice que no se trata de pensar en lo que debería ser, ni en lo que estaría acertado que fuera, sino en lo que es. Existe esto en este momento. Avancemos desde ahí.

Supongo que tiene razón. Vivo en este mundo, y la alternativa es no vivir en él. No me agrada mucho la alternativa.

Cuando empecé a escribir esto estaba convencida de que no iba a llegar a nada. Estaba convencida de que me iba a quedar al final del escrito con la mirada perdida y la mente llena de interrogantes al estilo de ¿Por qué existen personas que torturan a otras? En parte esos interrogantes siguen, mi cerebro nunca asimilará el hecho de que existan horrores tan gigantes en la existencia. Pero creo que Sábato expresó de manera perfecta que nuestras felicidades son pequeñas y nunca son algo pleno, no son algo absoluto e impoluto porque toda nuestra vida está manchada de lo sucio y lo pútrido de la humanidad, y aún así existen. Aún dentro de lo asqueroso y desagradable, tenemos nuestros momentos… tenemos a “Louis Armstrong tocando la trompeta en el Mirador”. Y deseo aferrarme a eso, junto con lo sucio, antes que soltarlo todo.

lunes, 20 de agosto de 2012

Caminemos por la ciudad porque es bonita

La vida deseó que yo empezara a sacar fotos de los graffitis de la calle. El tema es que cuando empecé a interesarme un poco más por las pintadas en espacios públicos (y no tanto) empecé a ver más color en la ciudad. No sólo habían amuchos graffitis, También habían murales, algunos escritos e imágenes armadas con papel. Tal vez les interese ver un par. Y si no es así, al menospodrán alegrarse porque este blog volvió un poco a la vida. Disfruten.

Esta primera imagen está en la municipalidad de capital. Hay varios balones y en cada uno ha pintado un artista local. Éste es mi favorito.

Las dos imágenes de abajo están en una perd enoorme, en el pasaje Güemes, también en ciudad. Me encantan.




¿Qué más? Han empezado a aparecer por la ciudad imágenes hechas con papel, que muestran a personajes conocidos transformados en...¡Zombies! Por lo pronto podemos ver acá abajo a Tinky-Winky, de los teletubbies (qué programa horrorosamente espantoso) y al perro Patán, de La carrera de los autos locos. He visto también a un Alf zombie, pero no he podido sacarle una foto (todavía).



Hace poco pintaron el ECA (espacio contemporáneo de arte, frente a la plaza San Martín, plaza de culto de los skaters). Antes de que lo pintaran, tenía unas cuantas pintadas por aquí y por allá, y tenía unos afiches de bocas, que tenían círculos de papel que parecían confites. Simpre me parecieron muy simpáticas, por suerte pude sacar una foto antes de que desaparecieran de nuestras vidas.
Haré entrega de una cuantiosa recompensa a quien pueda indicarme cómodiablos se llama la calle que es perpendicular a san martín, y que topa en 9 de Julio, en la municipalidad de ciudad. De más está decir que dicha recompensa es absoluta y felizmente ficticia. Pero al que sepa de qué calle estoy hablando, se le abrirá ante sus ojos la posibilidad de ir a esa calle, pararse en la esquina de esa calle y 9 de Julio, y ver en persona y con sus propios ojos el tigre que ven ahora (de manera virtual) a su derecha.


La imagen con la que termino esta entrada es una que me gusta bastante. Creo que fue el año pasado que se empezaron a ver estos graffitis de reloveution. El que más me gustaba estaba en la pared oeste de la bodega Arizu, pero algún comepiedras primitivo lo tapó con pintura gris. Fue muy triste. En fin, este graffiti está en la calle Arístides, casi en la esquina de Belgrano.


Hata aquí llegué hoy. Me encantaría que alguien en el mundo leyera esto y sonriera la próxima vez que viera un graffiti. Creo que un toque de color a algunas paredes no les viene mal.


Nota: el tamaño extragrande de las imágenes en blogger es VERDADERAMENTE extra grande.

jueves, 28 de junio de 2012

Toma Dos

Como la relatividad es un tema demasiado importante como para ser tomado (solamente) a la ligera, vamos a verlo desde una perspectiva un poco más seria. Así que vamos con nuestra toma dos.

Cuando hace unos años rompí la tapa de la azucarera, temí por la el reto que iba a ligar. No me preocupaba haber roto la tapa por la tapa en sí misma, sino por las consecuencias que eso iba a acarrearme. Aunque también me sentí un poco mal porque la tapa era bonita, al día de hoy esa azucarera sigue teniendo una tapa de madera que no combina, y yo duermo sin problema todas las noches. Entonces, lo que me preocupó, no fue haber roto la tapa, no me ponía triste una tapa menos en el mundo, me puso mal lo que sabía que vendría después: el enojo de mi madre y el consecuente sermón de que yo era una irresponsable y distraída que bailaba con una azucarera en la mano. Vamos a hacer hincapié en algo: NO ME IMPORTABA LA AZUCARERA, me importaba la percepción que mi mamá tenía de la situación. Para mí, sí, fue un descuido que no debía repetirse. Para mi mamá era la prueba de que yo andaba colgada con la existencia todo el tiempo y no le prestaba atención a las cosas prácticas (y rompibles) del mundo real (en su defensa voy a aportar que sólo intentaba poner un poco mis pies en la tierra. Además, tenía razón. Aún la tiene).

A lo que quiero llegar con la historia de la bendita azucarera amarilla es que una misma situación tiene distintas repercusiones para cada individuo. Eso es brillante si queremos analizar algo pero problemático al momento de establecer pautas. Y en vista de que nuestras existencias en la faz de la tierra están regidas por pautas, la mirada del otro nos enfrenta a un problema. Grande. Porque todos en esta habitación virtual sabemos lo difícil que es ponerse de acuerdo con alguien, ¿o no?

No sólo opino que escribe de manera monótona, sino que me molesta que tenga aspecto de Max Steel. Aún así, a mi hermana le encantan sus películas. Es inútil, nunca nos pondremos de acuerdo sobre Nicholas Sparks (no es que debamos hacerlo, claro). Yo creo que es un pelotudo, pero si a mi mejor amiga le gusta fulanito, cierro la boca porque gustos son gustos y yo quiero que este feliz. Aunque sea con ese imbécil. Me encanta ponerle pimentón a la ensalada pero mi hermana lo odia. Infinidad de ejemplos para una situación: cada uno ve las cosas de manera diferente. Eso lleva indefectiblemente a un conflicto. Y por conflicto no me refiero a “cerrá las cortinas, esto se soluciona con una pelea de cuchillos”, conflicto es incluso esa mínima cara de disgusto que ponemos cuando nos dicen que firmamos el papel equivocado. Conflicto es el choque de dos ideas, de dos perspectivas, de dos maneras. Puede ser algo mínimo o no, depende de la persona, del día y del pie con el que amanecimos.

Chocar con alguien es frustrante. O al menos a mí me parece que es así en la mayoría de los casos. No es algo que me haga enojar o que me ponga triste (no siempre), pero es algo que me frustra porque, ¿cómo es que percibís de manera B algo que es claramente A? No lo entiendo, mirá ahí están los dos palitos como una V invertida y el palito transversal, eso es una A hoy y por siempre. Pero no hay caso, el otro ve una B y a vos no te entra en la cabeza cómo puede ser que no se dé cuenta de que está equivocado. Vale decir que al otro le pasa lo mismo, pero con vos.

¿Qué pasa entonces? ¿Tengo razón? ¿Tiene razón? ¿Existe una única razón? ¿Estamos todos locos? (ojo, a mi me parece que esa última es la menos descartable). ¿Qué es tener razón? ¿Cómo decidimos quién tiene razón? En muchas situaciones de nuestra vida cotidiana decidimos quién tiene razón basándonos en un sistema popular, en lo que se piensa generalmente. Supongo que tiene sentido, es decir, tal vez sería complicado vivir si con cada persona y cada círculo tuviésemos distintas bases y puntos de partida. Pero a veces me da la impresión de que mi cerebro no terminó de adaptarse a la pauta social. Algo así como un déficit de inteligencia emocional, que le dicen. En realidad creo que a todos nos pasa en algún momento, con alguna situación, que sentimos que percibimos las cosas de un modo muy diferente al de la gente que nos rodea. Y no es que tengamos este dichoso déficit, sino que somos distintos. Tan bella como problemática resultó ser la diversidad de alelos.

¿Cómo se supone que viva en sociedad si capto las cosas de modo diferente? O, sin irnos tan tremendamente al pasto, ¿cómo comparto una habitación si soy un desastre con patas y la otra persona es sumamente ordenada? Bueno…me adapto. Me adapto a lo relativo de la vida (que es todo, básicamente. O nada, según quién lo mire).

This is how it works
You're young until you're not
You love until you don't
You try until you can't
You laugh until you cry
You cry until you laugh
And everyone must breathe
Until their dying breath


Me atengo entonces a las supuestas verdades universales como que eventualmente morimos, o que caperucita usaba una capa roja, y salgo al mundo a tratar de adaptarme al resto sin dejar de ser yo. Podríamos entender la sociedad como un tetris gigante casi. Todos distintos, tratando de encajar, sin perder el juego.

Parece que cada vez que hablo de relatividad me voy por las ramas, pero creo que esta vez me mantuve en un hilo. Creo. Volviendo, si tengo que definir la relatividad con una palabra…bueno supongo que sería relativa (por mucho que eso pudiera molestar a los profesores que insistieron con que no se define cosa diciendo el coso del cosito). La relatividad es relativa porque según las condiciones del medio, es absolutamente admirable o francamente molesta. O bueno, si tuviera que elegir de nuevo, tal vez diría que es difícil. Porque por más que a veces puede ser entendible, creo que nunca deja de ser difícil tomar el punto de vista del otro. No por eso hay que dejar de intentarlo. Después de todo…a mí me gusta vivir con otros.

No, this is how it works
You peer inside yourself
You take the things you like
And try to love the things you took
And then you take that love you made
And stick it into some
Someone else's heart
Pumping someone else's blood
And walking arm in arm
You hope it don't get harmed
But even if it does
You'll just do it all again


Junio trajo para mí esta suerte de epifanía, haciéndome caer en la cuenta de la relevancia de lo relativo en el cerebro humano. Por primera vez vi a la relatividad desde otro ángulo. Y no se trata de que somos distintos y peleamos para llegar a un punto medio y crecer como personas, ni ninguna de esas cosas que nos decimos para sentirnos mejor con nosotros mismos después de incrustar un disco PARE en la ventana del comedor de la persona que marcó nuestro día, no no. Creo que lo interesante de la relatividad, y lo interesante de ser distintos es que… es quienes somos.

Veamos, refrasearé esa última parte que es como lo IMPORTANTE de tamaña entrada… odio pelear con las personas que quiero. Me encantaría no pelear sobre si es A o si es B. Pero para no pelearme…todos deberíamos ver lo mismo. Y no quiero que sea así porque, si lo fuera, las personas a quienes amo dejarían de ser quienes son. Y odiaría eso.

martes, 15 de mayo de 2012

La insoportable levedad del ser

Y para los que estén esperando un planteo filosófico… estoy hablando del yogurt. Más bien, de la asombrosa variedad de productos que existen en el mercado bajo la estilizada etiqueta de light. Yogures, leches, manteca (¿existe semejante cosa?), salchichas, jugos, aguas saborizadas. Ahora resulta que el agua saborizada light es más liviana que un vaso de agua destilada. ¡Y viene con premios! Sí, porque comprando 576.995 botellas de agua, junto con las etiquetas de 17,5 paquetes de queso bajo en calorías y 3 pesos, participás del sorteo de un viaje a malargüe para vos y dos amigas (nada de novios, los productos light están pensados para el público femenino). 

Me molestan. Profundamente. Porque existe este odioso doble mensaje que te somete y te dice que debés disfrutar de los magníficos placeres que provoca el ultimísimo chocolate con avellanas bañadas en café con leche, pero sin perder la figurita para el verano. Entonces un apestoso grupo de empresarios ve la veta y dice, “Vamos a crear un producto que tenga en cuenta ambos deseos: comer como bestias y no engordar” Así es como aparecen las millones de comidas “más ricas”, “más sanas”, “más top”. 

Es ODIOSO. Es un pseudo “doblepensar”, como el del libro 1984 (George Orwell, 1950). Es saber que uno se engaña, pero engañarse para olvidar que se engaña. Yo voy a comprar este postre light porque tengo unas ganas animales de comer chocolate, entonces voy a comerlo para sentirme bien. Yo sé que no es chocolate de verdad (ni por asomo), pero eso me hace sentir aún mejor conmigo misma porque estoy haciendo lo que quiero hacer sin hacerlo de verdad, estoy tentándome sin caer en la tentación. I’m living the dream! Soy flor de imbécil. 

Existe en este momento en nuestra sociedad ése (y tantos otros) mensaje contradictorio que (como toda contradicción) no tiene sentido. Hay un arsenal completo de cámaras high definition filmando la caída de una súper gota de dulce de leche sobre otra masa de dulce de leche desde 25 ángulos distintos, para que al verlo mi boca se derrita y yo experimente una descarga eléctrica que me impulse a consumir semejante manjar. Pero la publicidad siguiente es esa en la que veo que si consumo productos ligh (en otras palabras, si soy flaca), mi vida va a ser fabulosa, mi novio me va a regalar flores, mis amigas se van a vestir bien, mi perro va a tener pelo sedoso, las tostadas no se me van a caer al piso sobre el lado con dulce, y todos vamos a ser atléticos, exitosos y súper tiernis. 

Hay un mercado generado alrededor de la miseria personal de la gente. Porque para ser rellenito, ni hablar de gordo, RELLENITO, tenés que ser simpático para ser aceptado socialmente. Ojo, yo no estoy diciendo que impulsemos la obesidad, de hecho me parece fantástico que la gente quiera vivir de manera medianamente sana porque si no morimos todos con hipertensión. Pero es el extremo el que me fastidia. Ese extremo que lleva a la creación de un caramelo light. Un ¿¡CARAMELO!? ¿Cuánto voy a engordar por 3 gramos de dulce de leche? Nonono, ahí ya se fue todo al pasto señores, si vamos a ponernos tan estrictos con nuestras dietas, vivamos a suero, que encima de light, ¡es hipoalergénico! 

Yo sé que hay infinidad de opiniones encontradas con respecto a este tema, y sé que si uno vive en carne propia la mirada despectiva por esos “kilos de más”, va a hacer cualquier cosa por cambiar la situación. Pero me parece también que hay que detenerse un poco y examinar qué pasa a nuestro alrededor. ¿Perder un par de kilos me va a hacer sentir mejor? Perfecto, voy a esforzarme, voy a hacer ejercicio, voy a encontrar un deporte que me alegre las tardes y ayude a mi cuerpo. Pero cuando se de la ocasión, me voy a juntar con mis amigos y voy a comer un asado, con un postre de brownie con helado y salsa de chocolate. Y lo voy a disfrutar, voy a ser feliz sintiendo la textura de chocolate (de verdad) en mi boca, voy a saborear hasta el último resquicio de frutilla a la crema. Y a la tarde, entre mate y mate, voy a picotear algo. 

“True perfection has to be imperfect” nos decía Oasis en su tema Little by Little. En vista de lo complicada que es nuestra sociedad, creo que es imposible encajar perfectamente porque no existe un modelo con respecto al cual medirse. Está bien, supongo yo, desear vivir entre ciertos parámetros que nos den confianza, pero si vamos a pasarnos la existencia tratando de encajar, vamos a tener una existencia aburrida. Y decepcionante. Si nos hace felices, cambiemos. Cambiemos de estilo, cambiemos de círculos, cambiemos de intereses. Pero seamos felices en todos y cada uno de esos cambios. 

Amemos quienes somos. Llevemos nuestras caderas con gracia (y miren que tengo autoridad para hablar de caderas).