jueves, 3 de octubre de 2013

Claro que el árbol hizo ruido

Si yo soy una persona diferente para cada persona que me conoce, ¿Soy alguien por mi misma en realidad? ¿Soy un todo? Alguna vez me plantearon el problema, “Si un árbol se cayó en el medio del bosque y ningún ser vivo lo escuchó, ¿Hizo ruido?” Mi respuesta fue y sigue siendo, “Si” Claro que si, los átomos se desplazaron, chocaron “et pup!” el ruido. Supongo que es lo mismo, si yo quedo abandonada en una isla desierta y mi existencia transcurre en absoluta soledad (en términos de humanidad) yo sigo viva, yo vivo. Zanjamos esa duda, yo soy alguien por mí misma. Ahora, esas personas que yo soy con otras personas, esas personas que tal vez son un poco contradictorias, esas que a veces se pisan las colas, ¿Qué son? ¿Son una extensión de mi ser, son facetas, son reales?

Todos nos disfrazamos un poco, hacemos pequeños cambios para la audiencia. Yo soy la que escucha atentamente y sonríe a pesar de que no le interese mucho, pero también soy la que se queda dormida en las clases importantes y la que canta a los gritos e imita voces cuando está sola. Uno podría pensar que ésta última es la que en realidad importa, pero creo que de una u otra manera todas las facetas que conviven en mi ser tienen su propia autenticidad. No me interesa la conversación pero sí la persona, la clase es importante pero no soporto el sueño a la siesta, me inhibe hacer voces en público, ni hablar de cantar muy alto.

¿Qué significa, realmente, llegar a conocerse a uno mismo? ¿Qué hago conmigo una vez que me conozco muy bien? ¿Qué cambia? ¿El día que sepa a ciencia cierta por qué paso más tiempo divagando que siendo práctica voy a poder cambiarlo? ¿Voy a querer cambiarlo? Es difícil, a nivel emocional, aceptar que uno tiene que, o quiere cambiar. Es difícil aceptar que así como soy no soy suficiente para el mundo.

No soy suficiente porque ellos quieren que sea más ordenada, más metódica, más afectuosa, menos belicosa, tal vez. Entonces ahí parto a encontrarme a mí misma, en orden de poder cambiarme. Suena un poco violento, pero no lo es, no tanto. Después de todo yo también espero que otros cambien, yo también espero que sean más ordenados, menos belicosos.

Encontrarse a uno mismo es más lento que acabarse un caramelo media hora, es un embole absoluto si uno espera hacerlo de la noche a la mañana. Ese es mi caso, cabe aclarar. Entonces voy a adoptar una postura más zen y dejar que mi mente se conozca a sí misma al tiempo que le parezca conveniente… a la muy perra (tengo que trabajar eso de la postura zen).