Y para los que estén esperando un planteo filosófico… estoy hablando del yogurt. Más bien, de la asombrosa variedad de productos que existen en el mercado bajo la estilizada etiqueta de light. Yogures, leches, manteca (¿existe semejante cosa?), salchichas, jugos, aguas saborizadas. Ahora resulta que el agua saborizada light es más liviana que un vaso de agua destilada. ¡Y viene con premios! Sí, porque comprando 576.995 botellas de agua, junto con las etiquetas de 17,5 paquetes de queso bajo en calorías y 3 pesos, participás del sorteo de un viaje a malargüe para vos y dos amigas (nada de novios, los productos light están pensados para el público femenino).
Me molestan. Profundamente. Porque existe este odioso doble mensaje que te somete y te dice que debés disfrutar de los magníficos placeres que provoca el ultimísimo chocolate con avellanas bañadas en café con leche, pero sin perder la figurita para el verano. Entonces un apestoso grupo de empresarios ve la veta y dice, “Vamos a crear un producto que tenga en cuenta ambos deseos: comer como bestias y no engordar” Así es como aparecen las millones de comidas “más ricas”, “más sanas”, “más top”.
Es ODIOSO. Es un pseudo “doblepensar”, como el del libro 1984 (George Orwell, 1950). Es saber que uno se engaña, pero engañarse para olvidar que se engaña. Yo voy a comprar este postre light porque tengo unas ganas animales de comer chocolate, entonces voy a comerlo para sentirme bien. Yo sé que no es chocolate de verdad (ni por asomo), pero eso me hace sentir aún mejor conmigo misma porque estoy haciendo lo que quiero hacer sin hacerlo de verdad, estoy tentándome sin caer en la tentación. I’m living the dream! Soy flor de imbécil.
Existe en este momento en nuestra sociedad ése (y tantos otros) mensaje contradictorio que (como toda contradicción) no tiene sentido. Hay un arsenal completo de cámaras high definition filmando la caída de una súper gota de dulce de leche sobre otra masa de dulce de leche desde 25 ángulos distintos, para que al verlo mi boca se derrita y yo experimente una descarga eléctrica que me impulse a consumir semejante manjar. Pero la publicidad siguiente es esa en la que veo que si consumo productos ligh (en otras palabras, si soy flaca), mi vida va a ser fabulosa, mi novio me va a regalar flores, mis amigas se van a vestir bien, mi perro va a tener pelo sedoso, las tostadas no se me van a caer al piso sobre el lado con dulce, y todos vamos a ser atléticos, exitosos y súper tiernis.
Hay un mercado generado alrededor de la miseria personal de la gente. Porque para ser rellenito, ni hablar de gordo, RELLENITO, tenés que ser simpático para ser aceptado socialmente. Ojo, yo no estoy diciendo que impulsemos la obesidad, de hecho me parece fantástico que la gente quiera vivir de manera medianamente sana porque si no morimos todos con hipertensión. Pero es el extremo el que me fastidia. Ese extremo que lleva a la creación de un caramelo light. Un ¿¡CARAMELO!? ¿Cuánto voy a engordar por 3 gramos de dulce de leche? Nonono, ahí ya se fue todo al pasto señores, si vamos a ponernos tan estrictos con nuestras dietas, vivamos a suero, que encima de light, ¡es hipoalergénico!
Yo sé que hay infinidad de opiniones encontradas con respecto a este tema, y sé que si uno vive en carne propia la mirada despectiva por esos “kilos de más”, va a hacer cualquier cosa por cambiar la situación. Pero me parece también que hay que detenerse un poco y examinar qué pasa a nuestro alrededor. ¿Perder un par de kilos me va a hacer sentir mejor? Perfecto, voy a esforzarme, voy a hacer ejercicio, voy a encontrar un deporte que me alegre las tardes y ayude a mi cuerpo. Pero cuando se de la ocasión, me voy a juntar con mis amigos y voy a comer un asado, con un postre de brownie con helado y salsa de chocolate. Y lo voy a disfrutar, voy a ser feliz sintiendo la textura de chocolate (de verdad) en mi boca, voy a saborear hasta el último resquicio de frutilla a la crema. Y a la tarde, entre mate y mate, voy a picotear algo.
“True perfection has to be imperfect” nos decía Oasis en su tema Little by Little. En vista de lo complicada que es nuestra sociedad, creo que es imposible encajar perfectamente porque no existe un modelo con respecto al cual medirse. Está bien, supongo yo, desear vivir entre ciertos parámetros que nos den confianza, pero si vamos a pasarnos la existencia tratando de encajar, vamos a tener una existencia aburrida. Y decepcionante. Si nos hace felices, cambiemos. Cambiemos de estilo, cambiemos de círculos, cambiemos de intereses. Pero seamos felices en todos y cada uno de esos cambios.
Amemos quienes somos. Llevemos nuestras caderas con gracia (y miren que tengo autoridad para hablar de caderas).
